
Un estudio muestra que con asiduidad las células fetales migran de la placenta a diferentes zonas del cuerpo de la madre, donde estas pueden beneficiar o perjudicar su salud. La presencia de células fetales en tejido materno es conocida como microquimerismo fetal.
Estas células migratorias pueden suponer un beneficio para su portador o un problema. Las células derivadas del feto pueden permanecer en los tejidos maternos por décadas tras el nacimiento del niño, y se han asociado a una mayor susceptibilidad a un amplio abanico de aflicciones, incluido el cáncer o enfermedades autoinmunes.
En la parte positiva, las células fetales pueden entrar en una relación cooperativa en material materno como, por ejemplo, ayudando en la respuesta a inflamaciones o autoinmunidades. También pueden migrar a tejidos dañados para repararlos, por ejemplo en caso de cesáreas. La intención de los investigadores ahora es profundizar en esta relación celular maternofilial para poder pronosticar cuando estas migraciones serán positivas o no.
